lunes, 31 de octubre de 2011

Y piensas que por fin ha pasado todo. 
Y no. Vuelve.
Ese aliento, esa sonrisa, esa mirada que te mira con los ojos tan abiertos que ni yo podría abrirlos tanto. Te intimida esa mirada, más que ninguna, e intentas concentrarte en lo que estás hablando, pero se te hace difícil, y eso desemboca en el silencio, te das cuenta cuenta que estas desperdiciando cada minuto o segundo con la persona que, por todo lo que te cueste reconocer, quieres. Y no, no la quieres así, como podrías querer a una amistad, no. Y lo sabes, la quieres. 
Y se roza, tu piel y la suya, y provoca una reacción, cual te hace excitarte el corazón tal como cuando asustas a un gato, pero tratas de no portarte como el gato, intentas disimular la rojez de tu cara como si nada pasase, cuando si está pasando, si acaba de haber una explosión en alguna parte de tu cuerpo, que ha provocado tal reacción de sulfuro en tu persona. Miras, otra vez, a sus ojos, pero también tiene agachada la cabeza. Te abordan grandes preguntas, cuales estás gritando dentro de ti lo más fuerte que puedes, pero que no llegas a emitir el mínimo sonido. Queda entonces dentro de ti cualquier pregunta, y en consecuencia, respuesta inexistente. Solo agradeces entonces cuanto tiempo pases junto a esa persona que tiene una capacidad sobrenatural, por encima de cualquier explicación científica, cual hace que tu cuerpo pueda temblar o sollozar o solamente, sonreír estúpidamente. 
La vergüenza, se apodera de ti, como nunca lo hace, y cuando menos debería hacerlo. Se burla de ti, haya que decir. También te hace tomar precauciones en muchos momentos, pero ojalá, como la sabiduría, fuera un sentimiento inteligente, que supiera cuando o no actuar. Queremos libertad, pero nos limitamos nosotros mismos, o de alguna forma, la vergüenza. 
Pero piensas. ¿Que importa todo?
Pero vuelves a recordar todo momento ocurrido, y todo lo que has podido perder. 
Si importa, pero siempre existe el miedo. Otro sentimiento que debería ser sabio. 
Otro sentimiento muy tonto, es el amor, que hace que te pongas a escribir estas ñoñerias, como si fuera lo único que tuvieses que hacer, y.. buf, todo esto para decir que te quiero. Que pérdida de tiempo, lo sabes.

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